Qué es la hernia discal
Entre una vértebra y otra hay un disco intervertebral. Funciona como amortiguador y como bisagra: tiene una capa externa firme, hecha de anillos de fibras, y un núcleo interno de consistencia gelatinosa que se llama núcleo pulposo. Cuando esa capa externa se debilita o se rompe, parte del núcleo se desplaza hacia afuera. Eso es una hernia discal.
El desplazamiento por sí solo no siempre duele. El problema aparece cuando ese material presiona una raíz nerviosa o invade el espacio por donde pasan los nervios. Ahí surgen el dolor que baja por una extremidad, el hormigueo y, en algunos casos, la pérdida de fuerza.
La mayoría se presenta en la zona lumbar, que es la que carga más peso, y en la zona cervical. Puede desarrollarse despacio, por el desgaste natural del disco con los años, o instalarse de golpe después de un esfuerzo mal hecho, una caída o un giro con peso encima.
¿Qué pasa cuando una persona tiene una hernia discal?
Depende de dónde esté y de a qué le esté apretando. Hay hernias que aparecen en una resonancia pedida por otra cosa y nunca dieron un solo síntoma. Y hay hernias chicas, mal ubicadas, que dejan a alguien sin poder caminar media cuadra.
Lo que decide el cuadro no es el tamaño de la hernia sino su relación con el nervio. Por eso dos personas con imágenes parecidas pueden tener historias completamente distintas, y por eso el informe de la resonancia no alcanza para definir nada por sí solo.
Hernia discal lumbar y cervical
La hernia lumbar es la más frecuente y da el cuadro que la gente reconoce como ciática: el dolor arranca en la parte baja de la espalda, cruza el glúteo y baja por la cara posterior del muslo y de la pierna, a veces hasta el pie.
La cervical hace lo mismo en el otro extremo de la columna. El recorrido va del cuello al hombro y sigue por el brazo, en ocasiones hasta los dedos. Suele empeorar con ciertas posiciones de la cabeza y aliviar cuando el brazo queda apoyado por encima del hombro.
La mecánica es idéntica en las dos. Cambian el nivel y el territorio del nervio comprometido, y con eso cambia el mapa de dónde se siente.
Qué síntomas produce
El síntoma que más orienta hacia una hernia discal no es el dolor de espalda. Es el dolor que se irradia.
Ese recorrido es la pista principal, porque sigue el territorio del nervio comprimido y se repite igual cada vez. Un dolor que hoy está en un lugar y mañana en otro rara vez viene de una raíz nerviosa. Lo que acompaña al dolor termina de armar el cuadro: dónde hormiguea, qué gesto lo dispara y si la extremidad responde con la fuerza de siempre.
Nada de esto reemplaza una evaluación. Sirve para llegar a la consulta sabiendo qué contar, que es buena parte del trabajo.
¿Cuáles son los síntomas de una hernia de disco?
Dolor que baja por la pierna o por el brazo. Si la hernia es lumbar, el recorrido pasa por el glúteo, el muslo y la pierna. Si es cervical, va del cuello al hombro y sigue por el brazo.
Hormigueo y adormecimiento en una zona bien delimitada, no en toda la extremidad. Ese mapa acotado apunta a una raíz concreta y no a un problema muscular.
Sensación de menos fuerza: la pierna que falla al pararse en puntas, el pie que arrastra un poco, la mano que suelta objetos. Es la señal que más apura la evaluación.
Dolor que cambia con el esfuerzo y con la postura. Toser, estornudar o hacer fuerza sube la presión dentro del canal y suele disparar el dolor en ese mismo momento. Estar mucho rato sentado o inclinado hacia adelante molesta más que caminar, que es justo lo contrario de lo que uno esperaría.
Diferencia entre ciática y hernia discal
Ciática no es un diagnóstico: es el nombre del síntoma. Describe el dolor que viaja por el trayecto del nervio ciático, desde la zona lumbar hasta la pierna.
La hernia discal es una de las causas de ese dolor, y en gente joven suele ser la más común. Pero no es la única. El canal estrecho, una carilla articular inflamada o el músculo piriforme irritado producen recorridos parecidos y se tratan distinto.
Por eso la pregunta útil en consulta no es si tienes ciática, sino qué te la está produciendo.
Diferencia entre lumbalgia y hernia discal
La lumbalgia es dolor en la zona baja de la espalda y se queda ahí. Suele aparecer después de un esfuerzo puntual o de un día largo en mala postura, muchas veces puedes señalar con un dedo dónde te duele, y mejora de forma evidente en pocos días con calor, movimiento suave y algo de paciencia.
Una hernia discal se comporta distinto. El dolor no se queda en la espalda: viaja por el territorio de un nervio y siempre por el mismo camino. No cede con el reposo y a veces empeora. Trae compañía que un cuadro muscular no tiene: hormigueo, adormecimiento en una zona delimitada, la impresión de que la pierna responde con menos fuerza.
Hay cuatro preguntas que ordenan casi cualquier dolor de espalda. Hasta dónde llega. Qué lo empeora. Si viene solo o acompañado. Y hacia dónde va la tendencia de las últimas semanas, si a menos o a más. Con esas respuestas anotadas antes de la cita, quien te evalúa ya tiene el diagnóstico bastante encaminado, y tú evitas armar el relato sobre la marcha, que es cuando se pierden los detalles que más orientan.
Síntomas de la hernia discal lumbar
En la hernia lumbar el dolor de pierna suele pesar más que el de espalda, y esa proporción ya es un dato. Cuanto más gana la pierna, más se piensa en la raíz nerviosa.
Se suman detalles concretos que la gente cuenta casi con las mismas palabras: el dolor aumenta al sentarse y afloja al caminar, cuesta ponerse las medias por la mañana, y el primer paso al levantarse de una silla es el peor del día. Nada de eso confirma un diagnóstico por sí solo, pero todo eso se anota.
Por qué aparece
El disco se desgasta con los años. Pierde agua, se vuelve menos elástico y su capa externa tolera menos carga que antes. Sobre ese terreno, un gesto cotidiano puede terminar de romper lo que ya venía cediendo.
Lo que suele desencadenarla es bastante previsible: levantar peso con la espalda en vez de con las piernas, girar el tronco con carga encima, pasar muchas horas sentado en mala postura y rematar con un fin de semana de esfuerzo intenso. El cigarrillo y el sobrepeso empeoran el terreno de fondo, porque afectan la nutrición del disco y la carga que soporta.
Hay una parte que no está en tus manos, que es la genética y la forma de tu columna. Y hay otra que sí, que es cómo la cargas todos los días. La segunda es donde vale la pena poner energía.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico empieza en la consulta, no en el equipo de imágenes.
Primero va la historia: desde cuándo duele, hasta dónde baja, qué lo empeora y qué lo alivia. Ese relato orienta todo lo que viene después. Luego el examen físico, que revisa fuerza por grupos musculares, reflejos, sensibilidad por territorios y algunas maniobras que ponen en tensión la raíz nerviosa para reproducir el síntoma.
Recién ahí entra la imagen. La resonancia magnética es la que mejor muestra el disco, la raíz y el contenido del canal, y es la que confirma la sospecha. La radiografía muestra hueso, alineación y estabilidad, no el disco: sirve para otra cosa.
Y queda un paso que se salta con demasiada frecuencia. Buena parte de las resonancias de personas sin ningún dolor muestra discos alterados. Por eso el estudio no se interpreta solo: lo que define la conducta es que la imagen coincida con lo que muestran tus síntomas y tu examen.
Hernia discal en la tomografía
La tomografía no es el estudio de elección para una hernia discal. Ve hueso con mucho detalle y ve mal el tejido blando, que es justamente donde está el disco.
Se reserva para casos puntuales: cuando interesa el detalle óseo, cuando hay material metálico de una cirugía previa, o cuando no se puede entrar a una resonancia por un marcapasos o por claustrofobia severa.
Si ya te hicieron una tomografía y en ella se ve la hernia, el estudio sirve y no hace falta repetirlo por protocolo. Lo que decide es si esa imagen alcanza para explicar lo que sientes.
Qué se puede hacer sin operar
La mayoría de las hernias discales no termina en quirófano.
La primera etapa apunta a dos cosas a la vez: controlar el dolor con la medicación que indique tu médico, y mantenerte en movimiento dentro de lo que tolere el cuadro. El reposo absoluto prolongado quedó descartado hace tiempo. Más allá de los primeros días de crisis, quedarse en cama debilita la musculatura que sostiene la columna y suele alargar el problema.
En paralelo entra la terapia física, que es donde se juega buena parte del resultado. El trabajo dirigido busca descargar el segmento afectado, recuperar movilidad y fortalecer la musculatura profunda del tronco. A eso se suma corregir la postura de trabajo y la forma de levantar peso, que es lo que evita la recaída.
Cuando el dolor por compromiso de la raíz no cede con eso, existen procedimientos intermedios como las infiltraciones guiadas por imagen, que dejan medicación antiinflamatoria cerca de la raíz irritada. No reparan el disco. Bajan el dolor lo suficiente para que la terapia pueda avanzar, y este manejo se sostiene varias semanas antes de plantear otra cosa.
¿Cómo se cura la hernia discal?
Curar, en el sentido de dejar el disco como estaba antes, no ocurre. Lo que sí ocurre, y con bastante frecuencia, es que el cuadro deje de dar síntomas y no vuelva a molestar.
Parte del material herniado se reabsorbe con el tiempo: el organismo lo reconoce como algo que no debería estar ahí y lo va reduciendo de a poco. Esa es una de las razones por las que tiene sentido darle tiempo al manejo conservador antes de plantear una operación.
Así que la pregunta práctica no es si la hernia se cura, sino si el nervio deja de estar comprimido y tú vuelves a hacer tu vida. Eso último se logra en la mayoría de los casos sin pasar por el quirófano.
Tratamiento de la hernia discal lumbosacra
La hernia lumbosacra, la que se ubica en el último nivel de la columna lumbar contra el sacro, es la más frecuente de todas. Es la que suele dar la ciática clásica que baja hasta el pie.
Su tratamiento no se diferencia del de cualquier otra hernia lumbar: control del dolor, movimiento tolerado, terapia física dirigida y, si el compromiso de la raíz no cede, infiltración guiada. Lo que sí cambia es qué se vigila, porque en ese nivel las raíces comprometidas son las que manejan la fuerza del pie y del tobillo.
Cómo desinflamar una hernia discal
Lo que se desinflama no es la hernia: es la raíz nerviosa que está siendo apretada. La distinción importa porque explica por qué el dolor puede irse mucho antes de que la imagen cambie.
Lo que ayuda de verdad es lo aburrido. Bajarle la carga al segmento durante los primeros días sin caer en el reposo total, aplicar frío o calor según cuál te alivie más a ti, sostener el movimiento que toleres, y usar la medicación antiinflamatoria que te haya indicado tu médico por el tiempo que te haya indicado.
Lo que no ayuda: el reposo prolongado, las maniobras bruscas de manipulación en plena crisis y cualquier tratamiento que prometa acomodar el disco de vuelta en su lugar.
Medicamento para desinflamar una hernia discal
Los antiinflamatorios y los analgésicos son parte del tratamiento inicial. Funcionan mejor cuando se usan por un plazo definido y con un objetivo claro: bajar el dolor lo suficiente para que puedas moverte y hacer la terapia.
Acá no van nombres ni dosis, y no es por reserva. La elección depende de tus antecedentes, de tu estómago, de tus riñones y de lo que ya estés tomando. Un antiinflamatorio que a alguien le resuelve la semana a otra persona le abre una úlcera.
Si llevas semanas automedicándote y el dolor sigue igual, ese dato solo ya es motivo de consulta.
Cuándo hace falta operar
La cirugía entra en la conversación en tres escenarios concretos: cuando hay pérdida de fuerza que progresa, cuando aparecen los signos de compresión seria del canal, y cuando el dolor irradiado sigue siendo incapacitante pese a un manejo conservador bien hecho y sostenido en el tiempo.
El objetivo de la operación es liberar el nervio comprimido y devolverle espacio. No es corregir el aspecto de una imagen. Por eso una resonancia con una hernia visible, en alguien que mejora y hace vida normal, no es por sí sola una indicación quirúrgica.
Según el caso, el abordaje puede ser mínimamente invasivo, con incisiones pequeñas, menos daño muscular y menos sangrado, o convencional cuando el desgaste es amplio o hay inestabilidad que obliga a estabilizar el segmento. La técnica se elige por el diagnóstico y por tus estudios, y se conversa contigo antes de decidir.
Si te dijeron que necesitas operarte y tienes dudas, pedir una segunda opinión con tus estudios en mano es una decisión razonable. Nadie debería tomárselo a mal.
Preguntas frecuentes
Estas son las que más se repiten en consulta, con la respuesta corta. Ninguna reemplaza una evaluación: sirven para que llegues con las preguntas mejor hechas.
¿Qué no se debe hacer cuando tienes hernia discal?
No levantes peso con la espalda doblada y las piernas rectas. Si tienes que levantar algo, flexiona las rodillas y mantén la carga pegada al cuerpo.
No gires el tronco con peso encima. Ese gesto, el de levantar y torcer al mismo tiempo, es el que más veces aparece en el relato de cómo empezó todo.
No te quedes en cama más allá de los primeros días de crisis, y no dejes que te manipulen la columna con maniobras bruscas mientras el dolor está agudo.
Y no te mandes a hacer estudios ni tratamientos por tu cuenta antes de que alguien te examine. Una resonancia pedida sin examen previo suele generar más ansiedad que respuestas.
Señales que no esperan una cita
El dolor de espalda casi siempre da tiempo para organizarse: pedir la cita, hacerse los estudios, ver opciones. Hay un grupo pequeño de signos que rompe esa regla. No son dolor más fuerte, son síntomas distintos, y aparecen cuando las raíces nerviosas que salen de la parte baja de la columna quedan comprimidas. Ahí lo que está en juego no es cuánto duele sino cuánto se recupera después, y eso depende de qué tan rápido se libere la compresión.
Perdiste el control para orinar o para retener las heces
Puede presentarse como no llegar al baño a tiempo, como no darte cuenta de que tenías la vejiga llena, o al revés, como no poder orinar aunque sientas la necesidad. Cualquiera de las tres formas cuenta. Es el signo más específico del cuadro y el que más se pasa por alto, porque cuesta contarlo.
Se te durmió la zona que toca la silla al sentarte
La cara interna de los muslos, la zona genital y la que rodea el ano. Se describe como acolchado, como estar sentado sobre una tela gruesa, o como no sentir el papel al limpiarte. No hace falta que la pierna entera esté dormida: alcanza con que esa zona lo esté.
La debilidad en la pierna o el pie va empeorando
No es la pierna que se cansa o que flaquea cuando el dolor aprieta. Es fuerza que se pierde y no vuelve: el pie que se arrastra al caminar, el tropiezo con el borde de la vereda, no poder levantarte en puntas de pie. Si lo que ayer costaba hoy cuesta más, el tiempo corre en contra.
El adormecimiento o la debilidad tomaron las dos piernas
El dolor de una hernia suele bajar por una sola pierna. Cuando el compromiso es de los dos lados, o cambia de lado, la compresión está más arriba de donde estaría una raíz sola, y eso cambia la urgencia.
Qué hacer
Si tienes cualquiera de estos signos, anda a emergencias de un hospital o de una clínica. No esperes a una cita, no esperes a la mañana siguiente y no lo consultes por mensaje: un chat no atiende una urgencia y la respuesta puede tardar lo que no hay. En emergencias te van a examinar y, si hace falta, te van a pedir una resonancia el mismo día. Lleva contigo los estudios de columna que tengas a mano, pero no demores la salida por buscarlos.
Cuándo consultar
Presta atención a estas señales
Un dolor de espalda aislado que mejora en pocos días con medidas básicas no necesita una consulta de urgencia. La señal para buscar evaluación es otra: dolor que baja por la pierna o por el brazo y que no cede después de un par de semanas de manejo inicial, o que va a más semana a semana en vez de a menos.
Hay tres situaciones que no admiten esperar: pérdida de fuerza que avanza rápido en una pierna o en un brazo, adormecimiento en la zona de la entrepierna y los genitales, y dificultad para controlar la orina o la deposición. Ese conjunto puede indicar una compresión seria del canal y se evalúa el mismo día, no en la próxima cita disponible.
La consulta se atiende en el consultorio de Surco, en la Clínica Ricardo Palma, en la Clínica Sanna La Molina y en la Clínica Padre Luis Tezza. Si ya tienes estudios hechos, llévalos: cambia bastante lo que se puede resolver en la primera cita.
Agenda una evaluación de tu caso
Una consulta con tus estudios en mano define qué necesitas realmente y qué puedes descartar. Puedes agendar en cualquiera de las sedes o escribir por WhatsApp si tienes dudas antes de reservar.
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Dr. Juan Carlos Angulo Totesaut
Traumatología · Ortopedia infantil · Cirugía de columna
CMP 83189 · RNE 35310
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